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Elegir: el mito de Tetis y Peleus XII









Observando las posibilidades de una elección... Después de darle tantas vueltas a esta carta y al momento que simboliza sabemos qué con mayor precisión lo que conlleva elegir y lo importante que es escucharnos de verdad. ¿Pero cómo hacerlo? Recurramos una vez más al método simple y barato. Observa la carta. Ya sabes qué representa cada uno de sus elementos. Juega a ser ellos. ¿Con qué se identifica la mujer de la izquierda? ¿Y la de la derecha? ¿Qué susurra el ángel? ¿Cuál es el cambio del que nace la flecha que no quieres ver? ¿Puedes sentir la flecha? ¿Dónde? ¿Y tú como figura central de este momento qué les dices a los otros personajes? ¿Quién calla? ¿Quién grita?

Explora, cambia de punto de vista, trabaja tu capacidad de comprensión para hacerla mayor. Y que todo esto sea, que lo es, un impulso para que tú elijas por ti mismo para tu vida. No te olvides que esta carta te pide amor, hagas lo que hagas. Mírate con ojos amorosos en esta encrucijada. No se trata de hacer algo que esté bien o mal, sino por amor y por amor a ti mismo. Una vez que decidas no tienes porque correr a toda prisa. El ritmo depende de ti y de la magnitud de tu empresa. Y se trata de amor hacia tu meta. Imagínate tus elecciones como si fueran parejas. ¿De cuál estás más enamorada? ¿Cuál te da más libertad? ¿Cuál te crea más dependencias? ¿Por cuál te irías al fin del mundo? ¿Cuál te da la seguridad que anhelas para poder hacer otras cosas? ¿Cuál te da más miedo? ¿Cuál de tus metas es tu verdadero amor?

Elegir: el mito de Tetis y Peleus XI

La memoria de las ballenas

En un viejo archivo encontré algo extraordinario. Fue noticia en los periódicos de todo el mundo: ballena perdida en nuestras costas.

Aquí en el Báltico el tiempo es más lento que en otros lugares del mundo, es la niebla, las ballenas están de paso hacia otros mares, hay tiempo para encontrar el pasado. En los raros días sin niebla las vemos a lo lejos; si no, queda su grito ahogado de blanco y espesura.

Una ballena atracó en nuestras costas. El esfuerzo desgajó sus aletas, se quedaron flotando cerca de su cuerpo, añorándolo.

Como aconteció no es abordable. Ya no interesa porque sucedió hace mucho para unos pocos y además fue, y aún lo es, inexplicable. Pero hasta para eso hay buenas razones.

Con la guerra española del ’36 mujeres y hombres se encontraron en tierras diferentes. Las mujeres y los niños fueron empujados en un barco. Los hombres, a un tren. Unos y otros fueron igualmente conducidos al final de aquella desdicha. Los separó finalmente una promesa, ya no la guerra.

Las mujeres y los niños cayeron como las gotas de una lluvia huracanada en las costas del Golfo de México. Los trenes de los hombres llegaron al norte de Alemania. Luego no hubo sino huída a través del bosque hasta el Báltico, cielo y mar blancos, playas negras.

Nada sabían los unos de los otros salvo que estaban perdidos. El correo en aquellos años no existía pues a una guerra sucedieron otras y otras más como un bordado siniestro de formas caprichosas. Ni un mensaje. Se perdieron también las botellas, no alcanzaba las palomas a atravesar tanta distancia, ni los gorriones ni las mariposas. Pero las ballenas, las ballenas, sí.

¿De quién había sido la idea? Quizás fuera de una mujer en México o de un hombre al ver aquellos que no eran navíos fantasmales en el Báltico o tal vez de un niño o un poeta. Hubo alguien que fue el primero, sin lugar a dudas.

Alguien vio una ballena en febrero, a más de una. Un chamán les ayudó. Cuando las ballenas llegaron a las otras orillas abrieron sus grandes bocas y de ellas salían palomas mensajeras, gorriones y mariposas. Se llenaron de lunares de esperanza el cielo y el mar. Entonces supieron los hombres que sus mujeres les amaban y las mujeres que sus hombres vivían con su amor. Y ese amor les hizo continuar.

Las ballenas escuchaban cientos de veces los nombres de las personas amadas, los que eran aullados en cada orilla cien y mil veces y con tal dulzura rota que las ballenas compasivas se los aprendieron de memoria, en cada regreso a la otra orilla los repetían como ecos. Los hombres, las mujeres y los niños amados lloraban de alegría mientras cazaban palomas, gorriones y mariposas

Con el tiempo y el dolor inexorables, unos y otros fueron muriendo. No fue por el tiempo, tampoco por el dolor sino por su densidad asfixiante. Los cuerpos de las mujeres y los niños se evaporaron y aún son nubes de formas caprichosas como mariposas, palomas y gorriones, y también ballenas. Los cuerpos de los hombres se volvieron vasijas rotas cubiertas de una pátina blanca. En un día de sol, llegaban a brillar como perlas sobre las arenas negras del Báltico. Pero de eso hace tanto tiempo que todos lo han olvidado. Menos las ballenas.

Es un secreto de ballenas que cada año una de ellas al alcanzar las costas bálticas se transforma en mariposa para recordar el amor entre dos costas lejanas sólo que antes buscan el nombre de la persona amada y al no encontrarlo, se entregan a la costa por melancolía y amor.

Elegir: el mito de Tetis y Peleus IX


Los dos personajes femeninos de la izquierda y de la derecha nos hablan de nosotros mismos, los tres, en efecto, estamos juntos y danzamos juntos. Allí estamos a punto de dar un paso hacia atrás o hacia adelante con lo que somos. Esta carta nos enseña que nos reconocemos desde nuestras diferentes partes, desde lo que hemos sido, somos y queremos ser. Tres personajes que son en realidad uno, uno mismo, que se mueven con un cuarto que es nuestro ángel. No es nada casual que tantas culturas diferentes hagan mención importante de la trilogía, es una imagen muy importante y sagrada en muchas sociedades y un elementos que aparece en innumerables mitos.

La carta nos invita a observarnos en los que vemos y prevemos en otros. Mi proyecto de futuro es una parte de mí, ¿pero cuál? Tiene raíces en el pasado, ¿cuáles? Éstas y no otras son las preguntas que surgen de esta carta. Descubras lo que descubras recordemos que hemos de tratarlo con todo el amor que un ángel tendría por nosotros.

Cuando nos olvidamos de amarnos, podemos recordarlo con una o mil de las miles historias de amor que pueblan nuestro mundo. A mí me gustan muchas, una de mis preferidas es “La memoria de las ballenas”


Elegir: el mito de Tetis y Peleus VIII

En la historia que nos cuenta el Tarot los arcanos VI, XIII y XX están estrechamente relacionados. El arcano XIII es la calavera y a punta a lo más esencial de la vida, a su esqueleto, a lo que la sostiene ya su esencia. Mientras que el arcano XX, el Juicio, nos habla de la nueva vida después de la muerte (no de la física sino de las situaciones que nos hacen morir para renacer como mariposas que nacen de sus orugas), de los lugares que nos pertenecen cuando desarrollamos nuestra esencia. Con estos breves apuntes ya podemos señalar que el ángel nos trae un gran mensaje desde y hacia el desarrollo fundamental de la vida más allá de nosotros mismos.





Desde el amor y las emociones (arcano VI) recorremos cuanto atraviesa nuestro sistema nervioso central (XIII) hacia nuestra postura ante el futuro. Ésta es la zona que no vemos y que nos permite andar con nuestro bagaje, con lo que hemos aprendido y lo que a veces necesitamos desaprender. El tarot viene a mostrarnos algo que parece erguirnos como un esqueleto: nuestras emociones. En efecto, el arcano VI hace referencia a la ternura, las dulces maneras, las palabras amorosas y cuidadosas, del contacto humano, del reconocerse y cómo no, del enamorarse (y no sólo de una persona). Sólo hay dos cartas en todo el Tarot en el que los protagonistas se reconocen y se tocan y en las que se muestran los mismos puntos energéticos dirigidos por las

emociones y la fuerza vital






En el arcano que nos ocupa, el de Los enamorados, se inicia el proceso vital que nos conducirá hacia nosotros mismos. Y en este comienzo el Tarot nos habla de reconocernos desde el amor. Más allá de que sea una idea muy trillada (y por algo lo será) es la única fuerza capaz de dar vida y de impulsarnos hacia ella. Viene más allá de nosotros como un ángel de extraordinaria fuerza y concentración. Quien alguna vez haya probado tensar un arco sabe de qué tipo de fuerza estamos hablando, no es tan sencillo como parece y menos aún hacerlo de tal manera que parezca que no estamos haciendo ningún esfuerzo y blandirlo de forma grácil.

Elegir: el mito de Tetis y Peleus VII



El enamoramiento se produce. Puede ser volcado hacia una acción, una ocupación, una idea, un objeto o una persona. Sea lo que sea el Arcano nos advierte que siempre se trata de nosotros mismos y de un ángel. Está todo allí a la derecha en el futuro y a la izquierda en el pasado, tanto en el consciente como en el inconsciente y en el espacio en el que nos movemos. Antes, en el pasado está lo que nos conforma, lo que hemos vivido y que nos retiene y empuja. Están los dos por igual. Lo que somos nos conduce a una situación y a otra mientras que lo que sentimos y que está más allá de nosotros hace lo propio. Podemos sentirlo o ignorarlo, pero allí está. Y nosotros en medio de todo esto. ¿Libertad o prisión? Quizás ambas cosas, ya que la moneda para serlo necesita dos caras.

Fue Oscar Wilde quien apuntó que el enamoramiento es el triunfo de la esperanza sobre nosotros mismos. No encuentro mejores palabras para mostrar lo que diría el protagonista de esta carta después de ella, inmediatamente después de este momento, una vez que hubiera dado un paso. Pero nosotros aquí y ahora mientras observamos una vez más esta carta estamos frente a un arcano, un misterio, que nos revela conocimiento y nos llama la atención precisamente sobre cuanto hay más allá de nosotros mismos, el enamoramiento y la esperanza.

El enamoramiento y la esperanza son temas dignos de un ángel. ¿Cómo te habla tu ángel? ¿Tienes ángel? Me refiero a ángel como esa parte más ligera e inaprensible de nosotros mismos que nos conecta directamente con lo divino que también vive en nosotros. Observemos entonces qué nos cuenta el ángel. Viene volando, está de paso, sus alas están en movimiento. Parece muy concentrado tensando bien el arco, seguramente será certero. El ángel apunta directamente al corazón a algún punto muy vulnerable de nuestro protagonista. Este ángel parece brillar o bien viene acompañado de un sol o una suerte de gran aureola. Su arco junto a esta aureola adquiere una forma diferente, ¿una calavera? No es casual, efectivamente se trata de una calavera.

Elegir: el mito de Tetis y Peleus VI


Nuestro protagonista está justo en el centro, en el ahora, en el aquí y ahora. La mujer de la izquierda se ubica en el pasado mientras que la de la derecha está en el futuro (según los cánones de interpretación esotérica). El ángel, como es su condición, viene del más allá, un horizonte lejano a nosotros y del mismo tiempo que se articula en pasado, presente y futuro.

Recapitulemos una vez más, entonces. La carta señala algo en el pasado, una mirada, tal vez un recuerdo o una imagen de una persona o una idea que nos retiene o nos empuja (o ambas cosas a la vez). La carta apunta de manera muy clara a este reconocimiento entre pasado y presente, como si la decisión del ahora dependiera de cuanto hayamos decidido antes, de cuanto hayamos experimentado y lo sabemos. ¿Será este empuje lo que permite que nuestro protagonista se incline un poco más hacia la mujer de la derecha?

Sólo la cabeza y el pie derecho miran a la mujer de la izquierda, hacia el pasado. El protagonista apenas se mueve, su pie derecho no avanza. Sin embargo todo el cuerpo está preparado para avanzar: sus manos, su torso, su pierna y pie izquierdos. Incluso la mujer de la derecha parece estar preparada para agarrarle si se cayera porque tal como está ahora la figura del centro, nosotros mismos, bien podría tropezar sin querer. Como todos nosotros que podemos caer si no confiamos en la dirección del corazón que nos amará incluso en la posible caída y en los tropiezos protegiéndonos así casi mágicamente. El querer está en el ángel.

¿Quién puede ayudar a nuestro protagonista? ¿Quién puede ayudarnos en una situación semejante? La carta nada dice al respecto. Cualquier opinión es una mera conjetura. La carta nos refleja un momento y nos muestra lo que está en juego más allá de nosotros mismos ¿Podremos aceptar semejante lección?

Elegir: el mito de Tetis y Peleus V


Miremos más atentamente esta carta. Observemos con atención y delicadeza, respirando y mirando, acariciando la carta con nuestro pestañar.

Lo que ya sabemos y vemos es que su protagonista se encuentra entre dos opciones. Hay una tensión extraordinaria. No se trata de una tensión inmovilizadora sino que genera una pequeña danza de pies que avanzan y retroceden en un delicado y casi invisible minueto. Hay algo más a tener en cuenta: el protagonista no ve a Cupido. ¿Y si no puede contemplarlo, cómo se da cuenta de su presencia? Si nos hieren con una flecha, seguramente lo sentiremos. Pero estas flechas no son como las de los indios ni como las de las películas, pueden ser muy sutiles, incluso apenas perceptibles sino estamos muy atentos. Puede ser que la flecha nos haya tocado. Puede ser que estemos tan ocupados decidiendo entre izquierda y derecha que no nos demos ni cuenta. Esto debe sucederles a muchas personas porque el tarot nos pinta al protagonista del Arcano VI de espaldas al toque angelical. Podemos ver muchas cosas, pero lo que se queda a nuestras espaldas evidentemente no hace parte ni de nuestra visión ni de muestra parte consciente. Sin embargo allí está. “E pur si muove!”, diría Galileo. Es posible inferir de todo lo que hemos estado ilustrando que una parte de nuestras elecciones responde a cuestiones de las que no somos conscientes. ¿Y entonces?

Podemos vivir con lo que vemos ignorando lo que no, claro. Aquí el tarot llama la atención sobre esta condición tan humana. Nos muestra una figura tan importante como los otros tres personajes (el tamaño de los símbolos nunca es gratuito). Todo apunta a que no nos vendría mal atender a nuestro ángel y sin embargo hasta que no haya pasado todo no sabremos si se habrá desatado la guerra de Troya, si habremos conseguido el amor de la persona más hermosa de la tierra o si todo estará tranquilo o si habremos perdido lo más hermoso con todos los riesgos que aún así podría conllevar.

Lo que se describe en este Arcano es el dilema, el dilema de estar vivos y la responsabilidad que acompaña al libre albedrío. ¿Qué sucede en este dilema? El Tarot nos ofrece una foto del momento. Llama a esta carta “Los enamorados”, nos pinta entre dos posibilidades y con un ángel resplandeciente.

Tetis y Peleus podrían haber invitado a Eris para evitar la venganza, quizás hubiera sido honesto hacer que todos en el Olimpo fueran copartícipes de su amor. El mito podría haber desarrollado una historia en la que Tetis y Peleus fueran los únicos castigados directamente por la pérfida Eris. Pero hubo algo más allá de todo que fue desencadenando la trama.

Nosotros mismos podríamos decir que no a un nuevo trabajo, a una nueva hipoteca o a un nuevo amor, sea humano, vocacional o material. ¿Pero qué sucedería entonces? Nada. No habría ni nuevo amor ni nueva situación. Quizás, a pesar de todo, sea una bendición el que la trama se desencadene. Quizás no se trate de la trama sino de nosotros mismos. En este arcano son Cupido y la mujer de la derecha quienes físicamente están más cerca del corazón del protagonista. La mujer de la izquierda también toca al protagonista, pero está un poco más alejada y no podemos definir con precisión si lo retiene o lo empuja. Lo que sí sabemos con certeza es que lo mira directamente a los ojos. Ambos se reconocen y se observan eternamente. ¿Qué comunicarán esas miradas? Eso sólo lo podemos saber cada uno de nosotros si nos dedicamos a imaginar dicho diálogo. ¿Cómo? Una de las técnicas más sencillas y más baratas consiste en tomarse un rato de silencio, un papel y un lápiz y simplemente dejar que la mano vaya escribiendo sola.

Elegir: el mito de Tetis y Peleus IV


Una elección puede parecer a veces fácil y otras, no tanto. ¿En qué reside la diferencia? Pueden ser las circunstancias, claro. Sin embargo muchas veces elegimos más allá de nosotros mismos y de nuestras circunstancias. París podría haber sido rey de grandes territorios si hubiera atendido a Hera. Podría también haber conquistado todos los reinos que deseara protegido por Athenea. Sin embargo tomó una decisión muy diferente más allá de sus propias circunstancias de mortal deseoso de poder. Incluso descartó la posibilidad de elegir a la más hermosa una vez que fuera un gran rey de éxito declarado.

Entre la situación de Paris y el Arcano VI hay algo en común. No se trata solamente de las mujeres o la decisión e indecisión del momento.

En un primer acercamiento podemos pensar que el denominador común sea Eros, el ángel del amor con sus flechas certeras y dolorosas. Paris se enamoró de Helena, para él la mujer más hermosa de la tierra. La flecha de Eros golpeó mucho antes de ese momento. Afrodita fue la elegida como la diosa más hermosa, no se sintió celosa de Helena y le dio toda su protección.

Este ángel parece, en fin, haberlo provocado todo y en el mito griego aparece como celeste escudero de Afrodita. Un pequeño ángel regordete vence a la gran guerrera Athenea y a la reina del Olimpo. ¿Es así en el Tarot?


Si volvemos a observar atentamente esta carta aprenderemos que estamos frente al momento preciso de una elección. Parece que el arcano pregunte: “- ¿te quedas donde estás tranquilamente o eliges lo nuevo que parece tan hermoso? Donde estás ahora es también hermoso, pero se trata de otro tipo de belleza.”

Podemos además imaginar a Tetis y Peleus en el momento de decidir si invitaban a la diosa Eris o no lo hacían. Podemos imaginarnos aceptando un nuevo reto, ¿pero por qué lo aceptamos? En el tarot se describe este proceso. Cada individuo presenta variantes, las que le son únicas. Reconocer el patrón sólo nos sirve para apreciar mejor nuestras variantes.

El Arcano VI apunta a nuestro corazón. Allí mismo apuntó Eros cuando Paris debía decidir. La decisión de Paris parece inevitable, ¿lo es la nuestra también? Tetis y Peleus decidieron no invitar a Eris, no les dio la gana. Paris olvidó sus reinos y se volcó a Afrodita que no le había prometido nada. El Arcano VI nada dice si será mejor la opción nueva representada por la mujer de la derecha o la situación ya conocida, simbolizada a su vez por la mujer de la izquierda. En cambio pinta el exacto momento de la toma de la decisión con un personaje central que se mueve entre diferentes opciones. Algunas de éstas sí que las ve, están a su derecha y a su izquierda, en el futuro y en el pasado, en el inconsciente y en el consciente. Pero hay otra posibilidad que no puede ver, sino sólo sentir. Cupido está más allá de la vista de todos como bien corresponde a un ángel. Sólo nosotros que no pertenecemos a dicha situación y la estamos mirando de frente puesto que el Arcano descansa frente a nuestros ojos podemos verlo y contemplarlo. Si nos salimos de esta situación y la vemos desde fuera, es evidente que hay cuestiones que no se nos escaparán. ¡Qué fácil entonces! Basta con que observe mi situación desde fuera y puedo ver todo cuanto entra en juego y sucede. A ver que nos cuenta este arcano…


Ilustración: Joachim Wtewael , El juicio de Paris, 1615, National Gallery de Londres

Elegir: el mito de Tetis y Peleus III


Zeus determina que sea un mortal quien dictamine cuál de las tres diosas es la más hermosa, si Venus, Athenea o su propia esposa. Lo mejor es que sea el primer mortal que se encuentre. Peleus no está y en la fiesta sólo quedan dioses y semidioses. Rápidamente un mensajero baja del Olimpo y al primero que ve es al hijo de Príamo, rey de Troya. El mensajero se encuentra con Paris que estaba tomando el fresco en lo alto del Monte Ida en ese cálido domingo por la tarde. ¿Y cómo hace un mortal para decidir cuál es la más hermosa de las diosas? No las conoce, nunca ha conocido a ninguna y ahora de la noche a la mañana tiene a tres delante suyo, las tres son diosas, divinas y, por supuesto, hermosísimas.

Supongo que nos pasaría lo mismo si nos preguntaran cuál ha sido el momento más hermoso de nuestra vida. Un único momento. Una única diosa. Quizás nos pondríamos a pensar en lo que nos deparó cada uno de nuestros hermosos momentos. No vale si hemos tenido un único hijo, como mínimo para entender la situación de Paris deberíamos haber tenido dos, sino sería muy fácil. Paris se sintió confuso. Las diosas se dieron cuenta y cada una de ellas le ofreció algo a cambio de que eligiera a una de ellas como la más hermosa. Hera le prometió reinos y Athenea, éxitos. Afrodita no tuvo que ofrecer nada porque Eros, el ancestro directo de nuestro Cupido y que cumple las mismas funciones, estaba por allí y blandió una de sus amorosas flechas hacia el joven Paris. Obviamente el muchacho se rindió ante la bella diosa del amor. Ella como agradecimiento le otorgó su protección y la mano de la mujer mortal más hermosa. Esa era Helena que para acabar de complicar toda la historia estaba bastante felizmente casada con el Rey Menelao. No podemos decir que fueron felices y comieron perdices, etc., etc. Así se originó la famosa Guerra de Troya.

Preguntas y respuestas de una decisión, más preguntas y quizás más respuestas

Los etcéteras suelen tener más peso de lo que parecen, al menos nos ahorran contar una y otra vez lo que no tenemos ningunas ganas de repetir. Suelen ser un contundente argumento. En ellos pensaba mientras se prodigaba la mañana lluviosa. Preguntas y respuestas y más allá una elección, quizás para cuando saliera el sol. Pero en realidad ni tan siquiera mucho más allá, sino desde la pregunta misma ya estamos asumiendo una elección. Ésta es una de las enseñanzas del Tarot: en la tensión de la duda ya está la elección.

La decisión puede ser una “fiesta” a la que convidamos a diferentes cuestiones. Mi “ocasión” es el tema laboral. En mi lista de invitados están la estabilidad salarial, el progreso profesional (que no siempre se sientan juntos en este tipo de fiestas), la capacidad de asumir nuevos riesgos, el desafío al vacío, la necesidad de avanzar, las ganas de aprender, la libertad, la decisión en sí misma, la valoración de mis capacidades, mis propias posibilidades y más etc., etc.. Los invitados pueden ser tantos como los de una gran boda celebrada en un palacio o tantos como un encuentro íntimo de dos que festejan su aniversario.

Desde el principio de este segundo capítulo estamos dándole vueltas al mismo tema porque este arcano es fundamental en la estructura general del tarot. Podemos incluso imaginar que hay diez cartas más que giran en torno suyo, como si fuera uno de los ejes de los veintidós arcanos. El otro eje se encuentra en la carta XVII. Ambos, de maneras complementarias, señalan la importancia del libre albedrío y de nuestra capacidad para estar en sintonía con la Vida (así en mayúsculas).

Una elección puede parecer a veces fácil y otras, no tanto. ¿En qué reside la diferencia?

Ilustración: Abraham Bloemaert, Las bodas de Tetis y Peleus, 1638, La Galería Real de Pinturas Mauritshuis

Elegir: el mito de Tetis y Peleus II


Fuera como fuese, la diosa de la discordia, Eris, se enteró. La suerte ya estaba echada, ya se estaba tejiendo en un telar donde se estaba colocando el primer punto de una figura que enlazaría la aparición de Eris en lo mejor de la fiesta.

Eris se ocupó todo el día de su persona y en estar, tal como lo diríamos hoy, estupenda. Se maquilló y vistió con sumo cuidado para no llamar demasiado la atención, para pasar desapercibida. En efecto, así siempre se presenta la discordia, como si no pasara nada. Se deja caer y nadie repara en que hace falta un ejército de tamborileros para no escucharla.

Entró Eris con su mejor sonrisa, dulce y abnegada. No quería entretenerse, sólo venía a traer un presente, no uno cualquiera, sino uno muy particular, el más especial. Y mostró ella una manzana de oro tan resplandeciente como el sol pues había sido forjada por los herreros de Hermes (quien al parecer le debía algún favorcillo y se vio en el tris de que había llegado la hora de devolverlo).

Eris estaba allí en medio de todos los invitados tan cándida y sonriente como una niña inocente. En su mano derecha enarbolaba la manzana de oro que eclipsaba todas las miradas. Todos sabían que los herreros de Hermes eran magníficos artesanos y que de las profundidades de la tierra, donde se encontraba, sólo veían la luz objetos únicos en belleza y poder. Objetivamente aquella manzana no era un regalo cualquiera, sólo podía ser digno de una gran diosa y no de un mortal. Eso fue quizás lo que quiso decir Eris cuando en realidad anunció que aquel presente sería solamente para la diosa más hermosa.

Tal vez había sido una manera de halagar a la novia, a Tetis. Tal vez fuera una apuesta o una provocación. No lo sabremos nunca porque justo en este momento mientras estás leyendo, la manzana cayó al suelo y rodó y rodó para quedarse finalmente inmóvil a los pies de tres diosas. Eran Atenea, la cazadora; Venus, la hermosa y Hera, la reina del Olimpo.

Tetis ya había perdido su único regalo (si alguna vez hubiera podido ser suyo) y las tres diosas se enzarzaron en una sutil discusión. De Eris no se supo nada más, ya había desaparecido tal como lo hace la discordia; a veces no se sabe ni tan siquiera cuando llegó y si jamás lo hizo, sólo queda su estela.

Lo importante es que el relato se olvida de Eris como si se hubiera tratado de una convidada del montón mientras que presta atención a la riña entre las tres grandes diosas. La fiesta ya es un desastre. Tetis y Peleus también desaparecen, al igual que su boda, la fiesta, los manjares, los demás regalos y su dicha, elementos más que suficientes para iniciar un relato infeliz.

Ante tal desaguisado el único que puede poner un poco de orden es Zeus, el rey supremo de los cielos y señor del Olimpo. Pero ahora Zeus está ocupado con otros asuntos y además no quiere inmiscuirse demasiado en un asunto en el que su esposa, Hera, está involucrada. La armonía conyugal no está atravesando uno de sus mejores momentos, para variar. Pero este marido no deja de pensar y se le ocurre una solución. Lo mejor será pasarle la “manzana” caliente a otro y quedar como un rey.

Ilustración: El juicio de Paris, Paul Rubens, 1639, Museo del Prado

Elegir: el mito de Tetis y Peleus I


Si hay algo que está íntimamente asociado con el destino es el elegir. Si creemos en el destino, como es mi caso, implica creer que nos viene dado un espacio por el que movernos. Incluso a veces se puede ensanchar a niveles insospechados y superarnos a nosotros mismos. Hay muchas personas que se toman el destino con pizcas de fatalidad.

El primer mito conocido que hace referencia al momento de una elección, de las decisiones, desencadenó una de las grandes guerras de la historia, la de Troya se armó a raíz de todo esto que ocurrió en la fiesta de Tetis y Peleus. Y en el ánfora de la imagen los podéis ver o si podéis daros una vueltecita por el Louvre, también.

La diosa Tetis y el mortal Peleus estaban preparando la lista de invitados a su boda. Estaban felices y deseaban que todo fuera acorde al ritmo de su dicha. Quizás esa fuera la causa por la que hubieran decidido no incluir a Eris entre los invitados. Eris también era una diosa y convivía con las demás deidades del Olimpo. Desde tiempos inmemoriales ha sido muy complejo esconder algo en una gran familia y más cuando se trata de un gran secreto. Como es de suponer, Eris se enteró de que no sería convidada a la boda. Quizás nos convenga recordar que Eris era la diosa de la discordia. Podemos incluso ponernos en su piel e imaginar su semblante en los mismos exactos segundos en los que por boca del rumor de turno supo que su presencia no sería bienvenida en la feliz fiesta.

Tal vez no hubiera ni tan siquiera ocurrido así, conociendo a Eris. Es muy posible que fuera ella misma la que inventara tal agravio con tal de justificar cuanto hizo después. O tal vez han sido los lectores de dicha historia quienes a lo largo de años y siglos que no pudiendo enfrentarse a un acto de gratuita desidia, se compadecieran de tan infortunado personaje- perdón, Diosa- y crearan un pequeño acto de flaqueza humana en medio de la dicha suprema de los dioses Tetis y Peleus. El amor de los dioses, de esta manera, estaría asegurado y protegido si Eris no asistía. Puede que Tetis hubiera insistido que a esa mala pécora no quería ni verla en su fiesta y que Peleus, por amor, accediera mientras imaginaba las previsibles consecuencias. Quizás fuera justo al revés, que el mortal Peleus fuera irrevocable, que a Eris no la invitamos y punto. Tetis, entonces, habría bajado la vista mientras tachaba el nombre de la lista con la delicadeza y la gracia propias de una diosa.